Análisis de Outlast 2, la aventura de terror para PS4, One y PC

¡Ya teníamos ganas de volver a pasar miedo! Red Barrels nos vuelve a llevar al borde de la locura para que sobrevivamos como machotes: sin armas ni gaitas. ¿Quién quiere una ametralladora cuando puede llevar una cámara? Pues nosotros, pero es lo que hay…

Cuando uno pregunta por juegos de terror en la actualidad, una de las sagas que antes vienen a la cabeza es Outlast. El juego original caló mediante el boca a boca gracias a una dinámica atípica en la época, en la que no tenemos más armas que una cámara de vídeo para grabar a nuestros monstruosos enemigos. El DLC Outlast Whistleblower replanteó la historia de ese juego con éxito y ahora es este Outlast 2 el que se encarga de continuar el legado. Los tres vienen unidos en el nuevo pack Outlast Trinity, que se puede adquirir por unos 40 euros. Ahora bien, si solo os interesa el último juego, también se puede adquirir por separado a unos 30 “pavetes”.

En esta ocasión, cambiamos de historia por completo. Nuestro protagonista es Blake, un periodista gráfico que acompaña a su esposa para investigar la misteriosa desaparición de una mujer embarazada en las montañas. Tras el ¿sorprendente? accidente de helocóptero, Blake despierta solo. Acompañado de su cámara de vídeo, debe grabar todo lo que encuentre en su camino a la par que busca a su mujer. No tarda en llegar a extraños núcleos de población rural en los que la cordura brilla por su ausencia… A partir de ahí comienza una aventura que nos lleva a viajar por el lado más oscuro de la religión, la natalidad y la enseñanza. De vez en cuando, Blake tiene extrañas visiones (jugables) en las que vuelve a su instituto, en el momento en que su amiga Jessica conoció un trágico destino.

La jugabilidad es muy similar a la de los títulos anteriores: nos movemos en perspectiva subjetiva, ya sea con nuestra vista real o a través de la pantalla de la cámara, que podemos usar en cualquier momento. Gracias a ella podemos hacer zoom y tirar del ya clásico modo de visión nocturna, que ayuda en ciertas zonas en penumbra y se vuelve imprescindible en tramos en los que directamente no se ve ni papa. Además, ahora se ha añadido la posibilidad de usar el micrófono de la cámara para que, gracias a su boometro, sepamos si hay alguien haciendo ruido cerca, lo cual viene de lujo para investigar detrás de las paredes.

Estas ventajas, claro, tienen su coste: las pilas de la cámara se gastan más rápido que en una Game Gear. Por ello, hay que aprender a dosificar estas “habilidades” y buscar nuevas pilas para no quedarnos a oscuras en el peor momento. En esta ocasión, también podemos encontrar vendas con las que curarnos si recibimos un machetazo. El proceso de curación dura un par de segundos, así que no podréis aprovecharlas en plena persecución.

La cámara da todavía más juego en Outlast 2. Una nueva faceta consiste en acceder a los vídeos grabados y volverlos a reproducir para que Blake opine sobre lo que ha registrado (las voces, por cierto, están en inglés, con subtítulos en castellano). Todo esto se hace de forma “natural”, sin menús, bajando nuestra vista para comprobar la cámara e incluso los bolsillos en los que almacenamos las pilas y las vendas.

A la hora de desplazarnos, podemos saltar (poco, porque parece que Blake lleve plomo en los bolsillos), cruzar cornisas o reptar, además de abrir puertas y empujar algunos objetos. Ya nos lo dicen desde el principio: el protagonista es un ser humano corriente y moliente. Cuando llega el momento de toparnos con enemigos, las opciones no son muy heroicas, que digamos: podemos ir agachados para ocultarnos entre la maleza, correr (y mirar atrás en plena carrera) o escondernos. Se mantienen las clásicas taquillas y los armarios, pero ahora también podemos meternos en contenedores con agua o directamente en ríos y lagos. Esto aumenta la sensación de tensión, ya que si nos quedamos demasiado tiempo así moriremos ahogados.

Como en los juegos anteriores de Red Barrels, hay una serie de enemigos, digamos, estándar, que patrullan las zonas y reaccionarán si nos ven o nos oyen a una media distancia. También hay algunos personajes especiales que salen en momentos clave de la trama y nos perseguirán sin parar. Siempre que haya alguna persecución en marcha, la música se volverá estridente y tensa. ¡Por si no estuviéramos lo suficientemente nerviosos ya! Además, aunque no nos persiga nadie, si hay alguien cerca nuestro personaje se pondrá a jadear de terror a modo de aviso.

Ese es uno de los principales atractivos de Outlast 2, como ya lo era en los anteriores: no hay indicaciones claras ni HUD en pantalla, solo pequeñas pistas (marcas de sangre en las cornisas, algunos destellos, etc) que nos invitan a usar nuestro instinto para sobrevivir. Sin duda es un planteamiento que mola, pero a veces todo es tan sutil y tenemos tan poco tiempo para reaccionar que estamos condenados a vivir sin remedio. Y ahí llegamos a uno de los problemas clásicos de esta saga de juegos de terror, que vuelve a repetirse aquí: en ocasiones no tenemos ni dos segundos para examinar nuestro entorno y dar con el siguiente paso que nos libre de los perseguidores. Un pestañeo y acabaremos con un hachazo en la espalda. Hay bastantes momentos en los que esas carreras se resuelven de forma fluida, pero en la segunda mitad del juego estos momentos se vuelven muy comunes y acabamos cayendo una cierta fórmula de ensayo y error (corremos, nos topamos con que por ahí el camino está cortado, nos matan y vuelta a empezar) que rompe la magia.

Por su parte, el apartado técnico ha mejorado respecto a las entregas previas, algo que se nota sobre todo en las texturas y en los efectos de iluminación, mucho más efectistas. El diseño de los escenarios y las dantescas escenas que nos encontramos (torsos crucificados y conectados por las tripas, fosas comunes, bosques de víctimas ahorcadas y más) contribuyen mucho a meternos el miedo y el desasosiego en el cuerpo. Ahora bien, el modelado y las animaciones de los personajes parecen seguir atascados en una generación anterior, lo cual se hace particularmente evidente en las numerosas ocasiones en las que nos zarandean y miran de cerca.

La música sí aguanta el tipo perfectamente y transmite a la perfección ese tono de “redneck psicótico” que invade el pueblo en el que nos movemos, con violines desafinados y golpes de persecusión en los momentos más tensos. Por si os lo preguntáis: sí, vuelve a ver sustos a traición, que la mayoría de las veces funcionan, si bien no son muy numerosos. Es más una cuestión de atmósfera constante que de “jump scares“.

En definitiva, Outlast 2 es un juego que mantiene vivo el espíritu de sus precursores y lo hace de forma efectiva, pero quizá excesivamente continuista. Sus novedades jugables no ocultan un sistema de juego al que le falta algo de variedad y le sobran persecuciones enlatadas (Alien Isolation también tropezaba un poco en ese campo, pero sabía dar más gracia a los encontronazos, por ejemplo). El uso de la demencia, más acusado en esta entrega, al estilo The Evil Within, ayuda a levantar una historia truculenta que mola más por sí misma (ya veréis qué final tiene, ya) que por la propia jugabilidad que tiene alrededor.

Outlast 2 tiene una duración que se sitúa en una franja cercana a las 10 horas (existe un logro consistente en pasártelo en menos de 4, por cierto), la cual variará en función de las veces que muráis. Además, hay 3 modos de dificultad por encima del normal, solo para los más valientes. Procurad que la locura no acabe con vosotros antes…

Fuente: Hobbyconsolas

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Sobre Douglas del Valle del Puerto 505 Artículos
Amante de los videojuegos desde pequeño, Músico, Informático, y graduado de Instructor de Arte, mi objetivo es tener mi propio estudio de videojuegos algún día y triunfar, claro, entre otras cosas más, actualmente me dedico a vender videojuegos.

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